Groenlandia: un viaje hacia los azules.

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Icebergs a la deriva fotografiados desde un ballenero en los fiordos del sur (año 2007)

“Navegar entre icebergs, cruzar las estelas invisibles a escasos metros de su gélido halito incoloro, entre el azul cian de su cara de porcelana y su enorme raíz cristalina. Navegar, como una hoja tibia, sensible y frágil, sobre un manto de calma y silencio, de olas imperceptibles o poderosas, de témpanos caprichosos o extraños. Reconocer la inmensa magnitud de las montañas, de los valles pulidos por los helados siglos árticos, de las venas fluviales opacas y densas. Atrapar el tiempo entre los laberínticos fiordos esmeralda, allí donde el mar recita la espuma con su voz oceánica. Olvidar los sentidos sobre los líquenes y los musgos que jalonan los caminos, sobre los horizontes salpicados de blancos y azules, sobre los lagos y las morrenas confusas y olvidadas. Vivir la soledad de los espacios vacíos y yermos, de la supervivencia de lo animado y lo inanimado, de la naturaleza como ente primogénito de todas las cosas y de todos los seres que la habitan. Refugiar el pensamiento sobre el frío y fingir que nada te da miedo, que te sientes seguro pero perplejo, que ese escalofrió que eriza tu piel es solo por su belleza y no por su carácter desolador e inhóspito. Viajar a Groenlandia es viajar a la antítesis de lo controlable, allí donde todo cambia bajo un dinamismo oculto e inesperado y por ende sincero y deshumanizado, como ocurría en los primeros albores de la tierra…”

SITUANDO EL TERRITORIO 
Groenlandia o Kalaallit Nunaat, según la lengua Kalallisut o groenlandés occidental, esta considerada como la isla más grande del mundo, sin contar, claro está, la basta extensión Australiana. Con una superficie aproximada de cuatro veces la península ibérica alberga la segunda reserva de hielo más importante del planeta, con grosores que superan los 3000 m. de media y que se encuentran a perpetuidad en el interior, conocido como Inlandis. La franja costera que rodea el plateau central queda libre de hielo, a excepción de la zona norte, durante el corto verano ártico y es entonces cuando aparecen los verdes y la climatología más benigna que permite explorar el perímetro de la isla.  

La denominación de Greenland en danés o “la tierra verde”, se debe a la época de la colonización vikinga cuando Eric el Rojo, expulsado de Islandia hacia el año 985, recaló en la zona sur, donde levantó el primer asentamiento al que llamó Brathalid. El nombre no fue más que un ardid para atraer a sus compatriotas hacia esa recién descubierta región. Los inuit, los primeros pobladores conocidos, ya habitaban Groenlandia mucho antes de la llegada de los vikingos y es su cultura ártica, tan adaptada a los duros elementos, la que les ha permitido alongar su existencia durante tantos siglos.

ACOTANDO OPCIONES 
Como ocurre frecuentemente en cualquier tipo de viaje, abarcar un país o una extensión de terreno tan desorbitada como la que nos ocupa, resulta imposible en una primera incursión y por supuesto, se hace inviable su descripción exhaustiva en un pequeño artículo de divulgación. Es pues necesario definir ciertas regiones o lugares que centren el objetivo de nuestra andadura y decidir, posteriormente, que nos atrae más.

Existen cuatro zonas relativamente asequibles que cubren las posibilidades más realistas y para las cuales podemos encontrar opciones de viaje con más o menos aire de expedición. El resto del país es un desierto blanco, en parte inexplorado, cuyo acceso requiere de unos conocimientos específicos, mucha experiencia y una infraestructura propia adecuada para climas polares.

 La zona norte, cuyo núcleo central es la población de Qaanaaq, comúnmente conocida como región de Thule. En ella es posible el contacto con el pueblo inuit que más conserva sus tradiciones, así como la exploración, en trineo de perros, de los helados fiordos e icebergs a solo 1300 kilómetros del polo norte. El acceso se realiza mediante el vuelo CopenhagueKangerlussuaqPituffik con Air Greenland y de allí en helicóptero a Qaanaaq.

 La zona este, muy inaccesible desde el mar por la bajada de la banquisa que deriva del océano glaciar ártico en la época estival y de escasa población por las duras condiciones invernales. Los primeros europeos hace escasamente cien años que la visitaron por primera vez y por eso que se mantiene como una de las áreas más intactas del planeta. A pesar de ser una región enorme solo tiene dos ciudades a lo largo de 2700 kms de costa, Ittoqqortoormiit y Tasiilaq, la más grande con 1700 habitantes, además de siete pequeñas poblaciones. El acceso habitual es vía Reykiavik-Kulusuk y de ahí a Tasiilaq a 10 min. en helicóptero. En el noroeste y dentro del área se extiende el Parque Nacional más grande del mundo, un paraíso de vida salvaje en perfecto aislamiento.

 La zona oeste, la más habitada por la influencia de una corriente cálida que mantiene la costa libre de hielo casi todo el año y en la que se acumula más de la mitad del total de la población Groenlandesa, que ronda las 57.000 personas. Sisimiut y Maniitsoq, hacia el norte y Paamiut y Nuuk, la capital con 13.000 ciudadanos, en el sur, son las ciudades más importantes.  

 La zona sur, con algunos núcleos de población notables, como Qaqortoq, Nanortalik, o Narsaq que, a pesar de sus frecuentes dificultades en la navegación, se impone como el término medio para una primera aproximación a la realidad Groenlandesa. En ella podemos encontrar desde espectaculares trekkings, pesca o exploración de glaciares y fiordos, hasta vestigios del pueblo vikingo, contacto con los inuit o rutas en kayak.

A TENER EN CUENTA
La falta de infraestructura
y las condiciones meteorológicas dificultan en gran medida la organización independiente de los viajes a estas latitudes. Apenas hay hoteles fuera de los núcleos principales que son pocos y distantes, las carreteras son inexistentes y las pocas que hay se encuentran exclusivamente dentro de las ciudades. Todas las comunicaciones entre poblaciones se realizan por vía marítima, mediante barcos locales o zodiacs o por vía aérea en base a helicópteros o aviones, lo que encarece en gran medida cualquier desplazamiento y requiere de una previsión importante que no siempre es fácil llevar a cabo. En compensación, y atendiendo a unas normas lógicas de preservación ambiental, la acampada es libre. Estas son sus restricciones: ni en campos privados, ni cerca de reservas de agua, ni a menos de 50 metros de cualquier punto de ruinas.

Por otro lado, la climatología es tan caprichosa como local y varia incluso de un fiordo a otro, de forma que es frecuente tener que variar las rutas elegidas o incluso permanecer en un lugar más tiempo del previsto, esperando una mejora en las condiciones de navegación. Hay que pensar que el hielo, expulsado a diario por las lenguas glaciares y por la banquisa, se desplaza constantemente, pudiendo llegar a embotar ciertos pasos marítimos. Además, fenómenos atmosféricos como el foehn, que crea oleajes muy temidos, incluso por los marinos más experimentados, las nieblas bajas, que restan prácticamente la mayor parte de la visibilidad sobre los icebergs, o las lluvias o nevadas, son frecuentes allí.

Otro inconveniente añadido, y para el que se tiene que venir preparado, son los mosquitos. En días de mal tiempo o ventosos no aparecen o lo hacen de forma más discreta, pero cuando luce el sol se convierten en una autentica plaga que hace imprescindible el uso de mosquiteras. No es posible comer o respirar abiertamente en un trekking, por ejemplo, obviando la protección, sin llevarse algunos a la boca. Para la realización de fotografías con cámaras reflex de objetivos más amplios, se convierten en un problema, ya que pululan por el frente de las ópticas o cuando no, se paran. No sirve apartarlos con la mano, ya que con seguridad y antes de que acabemos de realizar el barrido, estarán exactamente en el mismo lugar que ocupaban.

El hielo también requiere de cierta atención y algunas consideraciones. El que proviene de la banquisa o mar helado es plano en la superficie y más seguro a la hora de aproximarse con las embarcaciones. Los icebergs son mucho más inestables y frecuentemente se fragmentan y giran al variar su centro de gravedad; lo que provoca olas y requiere de una cierta distancia de seguridad fuera del alcance de su volumen sumergido, que ronda ocho veces más de lo que vemos. Por otro lado, los frentes glaciares desprenden bloques de unas dimensiones descomunales, lo que no permite grandes aproximaciones. Su color, que va del blanco al azul cian, depende de la cantidad de aire que contienen. Aquellos que han estado sometidos a una gran presión, bien por estar sumergidos o por su origen en las partes interiores de los glaciares, son mucho más azules. Aquellos icebergs que han girado recientemente tienen esta tonalidad.

En cuanto a las auroras boreales no hay que hacerse demasiadas ilusiones. A pesar de que son fenómenos habituales requieren de ciertas condiciones que no siempre se dan a la vez, tales como cielos despejados y suficiente oscuridad como para que se definan. En los meses más propicios para viajar, junio, julio y agosto las noches son muy cortas, sobre todo en los dos primeros, y eso reduce mucho las probabilidades, convirtiéndose en una cuestión de suerte, al igual que el avistamiento de ballenas. En invierno y si las nubes lo permiten, se ven casi a diario.

EXPERIENCIAS EN LA REGIÓN SUR
La puerta de entrada a la región sur es el aeropuerto de Narsarssuaq, antigua base militar Estadounidense. Los vuelos proceden de Copenhaguen o Reykiavik recalan en esta zona junto al fiordo de Eric. A dos kilómetros se encuentra el embarcadero y en dirección contraria, tomando la misma carretera, se accede al bonito trekking del “Valle de las flores” con sus praderas, lagos y el glaciar del Kiattut de espectaculares vistas, con panorámicas del hielo y sus Nunataks o islas de roca.

Cruzando el fiordo, a unos 10 minutos en zodiac, se encuentra Qassiarsuk, la antigua Brathalid.  En esta población se dispone de un bar, una tienda de comestibles y el hostal Leif Eriksson, de la compañía española de viajes “Tierras Polares”. Desde allí es posible una visita a las ruinas originales de Eric el Rojo, que se complementan con una réplica de la capilla original Tjodhilde’s church y la Long House. También es posible ir a pie hasta la granja de Jorginne, en la bahía de Tasiussaq, un idílico lugar habitado por seis personas, y de allí a las estribaciones del fiordo de Brede, más parecido a un lago que a una porción de mar. Otra opción muy recomendable, si las condiciones de la navegación lo permiten, es la visita del fiordo del Qoorooq, muy activo y que expele constantemente impresionantes icebergs que flotan a la deriva en todas direcciones.

A partir de aquí se hace imperativo desplazarse por las lenguas de mar hacia otras poblaciones y regiones, que aglutinan grandes obras de la naturaleza, pero que requieren abandonar la comodidad cotidiana para pernoctar en campamentos, casas o albergues, habitualmente en lugares desolados, pero de una gran belleza.

Así hablaríamos del fiordo de Qaleragdliq, donde es posible acampar en una playa cercana a una cascada, contrastando con una espectacular vista de dos frentes glaciares separados por una masa rocosa que antiguamente constituía un Nunatak. El estruendo constante de los bloques de hielo que se desprenden de las paredes heladas, más cercanas al mar, es sobrecogedor y ameniza las breves horas nocturnas. Existen rutas a pie hacia el Valle de los Caribús, en el fiordo seco de Marraq, o hacia el lago de Tasersuatsiaq, enorme y en un paraje plano entre montañas. La incursión en el Inlandis también es posible pero solo si las condiciones de acceso son favorables, circunstancia que cambia con frecuencia, como casi todo en Groenlandia.

Otra ineludible experiencia es la entrada por el fiordo del Tasermiut  o Ketil hasta llegar al glaciar del Sermitsiaq, una gigantesca cascada de hielo que muere sobre las frías aguas oceánicas. Todo el paraje en si es un descubrimiento constante y en el se encuentran las más famosas paredes de escalada de la isla, con muros de granito verticales que superan, en muchos casos, los mil metros de desnivel. Así encontramos las impresionantes montañas del Ketilfjeld y el Ulamertorssuaq, bajo el cual es posible acampar, con “bigs walls” de 1400 y 1200 metros respectivamente, o el Nalumasortoq, bellísimo, con 600 m. y un desdoblamiento en dos paredes, que asemejan un libro abierto, separadas por una vertical fisura. En esta región es posible realizar algunos trekking, pero se debe cuidar la orientación y las engañosas distancias, debido a la inexistencia de caminos marcados y al volumen de sus cimas sin apenas referencias de comparación. No hay que olvidar que se trata de una zona muy virgen y con un clima de alta montaña a pesar de su cercanía al mar.

Con respecto a las poblaciones, consideradas ciudades por tener más de mil habitantes, podemos hablar de Qaqortoq, Nanortalik y Narsaq. Las tres poseen zona portuaria y algunos servicios, tanto básicos como culturales, aunque no dejan de ser pequeñas villas de casas coloridas en el extremo de algún fiordo.

Qaqortoq, es la mayor de las tres, con 3500 habitantes aproximadamente. En esta ciudad se encuentra la única fuente de toda Groenlandia y a escasos metros la lonja de pescadores donde, y si se tiene un buen estomago, se pueden ver salmones, bacalaos y foca cuarteada. Detrás de la Oficina de Turismo y por algunas calles se muestran las famosas esculturas talladas en granito “Man and Stone” según un proyecto iniciado por el artista Aka Høegh en colaboración con sus homólogos escandinavos. Hay varios lugares donde pernoctar, supermercado, restaurantes y museo. Si lo que se pretende es caminar hay dos trekkings recomendables de unas tres ó cuatro horas cada uno; el primero recorre el perímetro del lago de Tasersuaq que se encuentra muy cerca de la población, el segundo crestea por la parte alta de las montañas desde donde se disfruta de una vista esplendida sobre los fiordos más próximos.

Nanortalik o “el lugar de los osos”, en cuya región habitan unas 2200 personas. Considerado como la puerta de entrada al fiordo del Tasermiut. Posee un museo muy original, distribuido entre las antiguas casas coloniales del puerto, una iglesia de madera construida en 1916, un restaurante, algún lugar para alojarse, oficina de información y bellos paisajes en todas direcciones.

Narsaq, con unos 1700 habitantes e infraestructuras básicas para alojarse y comer, además del museo y la oficina de información. Es un buen punto de partida para la realización actividades, como la visita a diversos glaciares, ruinas vikingas de Hvalsey o senderismo. Una peculiaridad de esta región es su geología. Aquí podemos encontrar el mineral semiprecioso de color rosado llamado Tuttupit, único en el mundo.

Todas las demás poblaciones del sur son pequeños reductos mucho más pintorescos y con apenas habitantes, aunque con el encanto especial de lo agreste, lo autentico y lo solitario. Así tendríamos Alluitsup Paa, considerada la capital de las ballenas del sur de Groenlandia, Igaliko, denominada Gardar en la era vikinga y donde se asientan unas discretas ruinas del desaparecido arzobispado, Unartoq, una pequeña isla con unos baños termales al aire libre y muy cerca del fiordo del mismo nombre repleto de icebergs, Tasiusaq, repoblada en los años 30 por los familiares de los primeros habitantes que murieron por una hambruna hace unos 140 años, o Lichtenau, con su antigua misión morava, por citar algunos ejemplos.

Otras opciones de viaje, como los recorridos por los fiordos en Kayak o el cruce del Inlandis transversalmente, con pulkas y esquís, se centran más en la actividad en si misma y aún siendo grandes experiencias, es necesario saber, que están limitados al descubrimiento de las pequeñas zonas en las que se organizan.

DIRECCIONES DE INTERÉS
Existen cuatro fuentes de información en Internet bastante útiles, tres de las cuales son compañías españolas especializadas, que organizan viajes a Groenlandia, y la tercera es la Web oficial del país (www.greenland.gl).

Tierras Polares (www.tierraspolares.es) es una de ellas, regentada por Ramón Larramendi, otra es Greenland Adventures (www.greenlandadventure.com), dirigida por Ricardo López, ambos expertos conocedores de las regiones polares y en las que pasan varios meses al año coordinando sus viajes. La tercera es X-plorer (https://x-ploregroup.com ) que cuenta, en las expediciones a estas regiones, con Francesc Bailon Trueba, uno de los mayores expertos en antropología Inuit a nivel mundial. La importancia de los datos que podamos encontrar en sus páginas deriva de dos puntos principales: son de primera mano y por tanto fidedignos y la segunda, especialmente para la compañía de Ramón Larramendi, es que se produce un efecto embudo de forma que, la mayoría de las demás agencias, fuera de las comentadas, no son más que intermediarios de sus rutas de aventura. Otras compañías internacionales que operan en la zona son Greenland Travel (www.greenland-travel.com) y Arctic Adventure (www.arctic-adventure.dk). 

ÚLTIMAS PALABRAS
Hoy por hoy Groenlandia es un destino poco común, donde la aventura se muestra muy cercana a poco que uno este dispuesto a ello. No es un lugar cómodo, por lo menos si se quiere vivir en toda su magnitud o, dicho de otra forma, si se desea buscar lo subjetivo del periplo, aquello que nadie puede contarte, lo que no aparece en las guías de viajes. La gran variedad de exploraciones que nos ofrece su naturaleza, así como ese halo de misterio que aún sobrevive sobre muchos rincones de su geografía, no decepcionará a los espíritus más inquietos, como tampoco dejará indiferentes a los que se acerquen más discretamente. La soledad de sus inverosímiles paisajes, la enorme hospitalidad de sus gentes y ese silencio que lo impregna todo, es un reclamo más que suficiente para anotar su nombre en nuestra libreta de futuros viajes.

Por último, añadir que, aparte de haber viajado con Tierras Polares, conozco personalmente a los tres responsables principales de estos viajes y os puedo asegurar que son grandes aventureros y conocedores en profundidad de estas regiones en las que, prácticamente, cubren todo tipo de expediciones.

Para ver imágenes de estas tierras os remito a mi Galería personal de Groenlandia.

Revisado 2020 © Miguel F. Martín

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