Del poemario En los cafés de la luna

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Ser de Andrómeda

Partir exento,
viajar dormido,
saberse en alas de un suspiro,
sin nada, sin nadie…
¡Sin camino!

Sentir la sombra del paso caído,
secar de tiempo lo vivido,
sin aire, sin huella…
¡Sin destino!

Huir de nada,
conquistar el vacío,
pasar rodando hacia el infinito,
sin rostro, sin cuerpo…
¡Sin vestigio!

Creer que todo nace,
que cruza en el olvido.
Y seguir queriendo,
¡y vagar prohibido!
sembrando con lágrimas el rocío.

Volverse mudo,
vivir del frio,
llenar con soledad lo esquivo,
sin luces, sin formas…
¡Solo y distinto!

Saberse incierto,
vestir de espinos,
colmar de estigmas lo perseguido,
sin astros, sin cielo…
¡Sin infinitos!

Escudriñar por dentro,
hallarse abismos,
encerrar el alma en su laberinto,
sin noche, sin día…
¡Sin sentido!

Rogar desnudo,
volverse absurdo,
creer que todo yace,
¡que sigue en lo profundo!
sin ojos, sin lengua,
¡Sin augurio!

Arrojarse al eco de un segundo,
fundirse con lo etéreo,
mirar en lo nocturno,
sin ángel, sin demonio,
¡sin espíritu!

Partir exento,
salir del mundo,
saberse anudado a lo iracundo…
llenar con necedad el exilio,
sin voces, sin almas,
Solo… y profundo.

Miguel F. Martín

Capítulo -Laberinto interior [Improntas en singular]

Editorial - Atlantis (2011)

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