Taller de letras: entrevista Miguel F. Martín

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Entrevista literaria realizada a Miguel F. Martín para la revista Taller de Letras (2012)

Miguel F. Martín, ya vino al mundo con una inquietud desbordante. Fotógrafo, viajero, aventurero, locutor, ingeniero y profesor, bailarín y coreógrafo, escritor y poeta, presenta su tercer obra “EN LOS CAFÉS DE LA LUNA”, pero antes de llegar a ella, ha recorrido desiertos, glaciares y montañas, mares y cielos para estar en la tierra, haciendo una de las cosas que mejor hace, escribir.

-¿Cuándo empezó tu inquietud por la escritura?
A muy temprana edad ya empecé a escribir mis primeras notas sobre el mundo de la escalada, mis impresiones y aventuras, mis vivencias y reflexiones. También mis primeros poemas. Solo tenía 15 años pero había sufrido ya las inclemencias de un mundo agreste que te hacía sentir la vida con más intensidad, que te situaba, a veces, en las puertas de la incertidumbre donde tu vida no era más importante que una piedra, una nube pasajera o la roca sobre la que experimentabas el vacio a 300 m. sobre el suelo. Era la magia que te cambiaba como persona, que te hacia crecer sin saberlo hacia un mundo interior que acabaría plasmado en un papel. Poco después, a los 16 años escalé la arista Hörnli del Cervino, en Suiza, y allí comprendí, a más de 4000 m. de altura que estaba en este mundo, entre otras cosas, para explicar historias.

-Fuiste primero del ranking nacional de baile deportivo ¿Se ha reflejado esta circunstancia en tu obra?
No de forma continuada. Escribí artículos para varias revistas especializadas y alguna crónica de competiciones internacionales a las que había ido como representante del estado Español; Moscú, Finlandia, campeonato del mundo en Dinamarca, Blackpool, Francia y demás. Fue una larga etapa en mi vida que me mantuvo cerca del mundo artístico y en la que cultive mi sensibilidad por la música y la danza. Aunque no tengo ninguna obra extensa en este terreno no descarto la posibilidad de escribir, en un futuro, alguna novela centrada en esta temática que conozco en profundidad.

-Empezaste escribiendo un cuento, ¿en qué te inspiraste?
En realidad lo primero que escribí, sin la intención de que algún día fuese publicado, fue un poema al que le di el nombre de libertad que pertenece a un poemario aún inédito titulado Poemas de Juventud. Se lo dediqué a uno de esos amores que surgen en la adolescencia. Años después empecé con los relatos y en concreto uno de ellos, La habitación del tiempo, fue publicado en la primera antología de la Editorial Atlantis. La inspiración, en mi caso, a veces surge de una pequeña frase que en algún momento cruza mi mente y luego crece hasta conformar una historia. Eso ocurrió con este relato mientras leía en paralelo una obra de Edgar Allan Poe, Eureka, y el fantástico libro del Ratón Estelar  de Fredric Brown, un autor americano poco conocido, pero de una genialidad extraordinaria en el mundo del relato corto. El escritor tiene un sexto sentido inconsciente que no cesa de buscar constantemente, por eso las ideas surgen a veces sin saber muy bien de donde vienen.

-¿Cómo llegó ese relato al libro TIC-TAC?
Bajo una selección entre cientos de autores que realizó la editorial Atlantis de Madrid, muchos de ellos ya consagrados y hartamente conocidos tales como Rafael Reig, Espido Freire, Leopoldo Alas, Ouka Leele o Luis Eduardo Aute. El tema central del libro era el tiempo y tuve la suerte de que mi escrito fuera seleccionado. Es el más extenso de la obra y estoy muy orgulloso de que mi nombre figure entre tanto talento literario. Fue una inyección de ánimo por que no es nada fácil que esto ocurra para un autor poco conocido. Tic Tac cuentos y relatos contra el tiempo es una obra que contiene 60 historias de otros tantos autores y fue distribuida por las grandes librerías de toda la geografía española.

-¿Es complicado convencer a una editorial para que apueste por un escritor novel?
La respuesta está a caballo entre la expresión muy difícil e imposible. Las editoriales son empresas que, como es normal, buscan un rendimiento económico. Apuestan solo a caballo ganador y si no tienes un nombre que avale tu obra apenas dedican ni el esfuerzo de leerla. No les importa demasiado la calidad literaria del manuscrito sino las posibilidades de que la obra se venda a través del marketing que pueda aportar la figura del autor. Se pierden grandes talentos por este motivo y sufrimos ingentes cantidades de libros muy mediocres por la misma razón. Publicar un libro, si tienes suerte, pasa por dos caminos principales: o la perseverancia de recorrer durante meses o años todas las editoriales posibles o la obtención de un galardón literario que te abra la puerta de la publicación. Esta última opción es, en la mayoría de los casos, un empeño inútil porque muchos certámenes no son más que montajes para la promoción de una obra previamente seleccionada. La auto publicación es una nueva vía en auge pero que aún sigue teniendo un cierto halo de incredulidad en cuanto a la calidad de lo publicado por la falta de aval editorial.

-Tu segundo libro, es un libro de viajes “LA RUTA DEL OKAVANGO”, ¿Cómo nace ese proyecto?
Viajé al sur de África hace ya algunos años, allá por el 2003. Una libreta, una cámara y el miedo a lo desconocido, a lo imprevisible, formaban parte de mi ligero equipaje. Cuando volví, un mes después, transcribí mis notas y revelé las imágenes capturadas en aquellas tierras. Fueron unas semanas de sentimientos y reflexiones muy profundas, sinceras, intensas y creativas. Guarde todo aquel material visual y las páginas que condensaban el tiempo fugado, durmieron en un cajón durante algunos meses. Un día, impulsado por nuevos recuerdos rescribí el diario, pudiera ser por el 2004, quizá con la intención de retomar aquellas experiencias en la distancia, desde mi estudio silencioso y alejado.  No escribía un libro, escribía simplemente mi propia historia. Más tiempo y nuevas circunstancias hicieron que aquello que tan celosamente guardaba fuera leído por otras personas, fruto del interés o de la curiosidad que mostraban al preguntarme sobre lo que experimentaba o lo que pensaba un personaje como yo en aquellos lugares remotos a los que viajaba. La reacción no se hizo esperar; me animaron pues a que intentará publicarlo, porque, tal y como me decían, en los textos no se hablaba solo de África, se hablaba de la vida, de los sueños, del tránsito de la existencia, de las ilusiones y de un sinfín de pequeños detalles que suelen cruzar nuestra mente a diario y que no todos somos capaces de condensar en palabras. Afirmaban que todo lo expresado transcendía más allá de mi persona y que no tenía sentido olvidar en un estante lo que, literariamente hablando, podía constituir una nueva aportación a la narrativa de viajes. Finalmente y meditada la cuestión, me senté frente a lo escrito, pero esta vez con un nuevo objetivo, terminar el libro que sin darme cuenta había esbozado.

-El haber vivido en otro continente durante esa ruta, ¿te enriqueció esa vivencia a la hora de escribir?
Primero te diré, que en mi caso, escribir es crear un vínculo con el pasado, rescatar de un lugar pretérito el navío de tus experiencias personales. Pero si esas experiencias acaban configurando el marco  más extenso de una narración que se publica, lo propio pasa a ocupar el plano de lo común y es entonces cuando un atisbo de futuro se proyecta como una sombra sobre lo escrito. Lanzar semillas al vacío, en forma de palabras, es un pequeño prodigio que siempre me sorprende. En cualquier larga conversación podría expresar las mismas ideas, con más o menos acierto, pero el monólogo de un libro nos da margen a los autores a deliberar, sin interrupciones y con la atención debida, sobre el mundo que experimentamos o el que nos gustaría que existiera. Es una forma de interactuar largo y tendido con el lector anónimo, sin necesidad de llegar a ninguna parte, sin conclusiones ni limitación de ideas. Es simplemente, el milagro de escribir y leer. África marco en mi un punto de inflexión, me hizo ver otra forma de concebir el tiempo y el espacio, y eso ha perdurado en mi búsqueda de expresar ideas fundamentales sobre las personas y sus sentimientos. Los contextos son marcos que crean el ambiente necesario para lanzar la idea principal de todo libro y en África reforcé los valores que durante mucho tiempo creí haber perdido y que, desde la distancia han ido incorporándose a mis palabras.

-En ese libro hay fotografías también realizadas por ti, ¿quién decide colocar las fotos en el libro, el autor o el editor?
Las imágenes fueron una aportación personal. Creí que sería una buena forma de complementar mis palabras y que acabarían de redondear la obra. También mostrarían una faceta mía desconocida hasta el momento. Mis exposiciones fotográficas siempre mezclan las imágenes con las palabras y quise incorporar esa forma de expresión al libro. El editor fue algo reacio en un principio hasta que las vio y fue entonces cuando considero la posibilidad de incluirlas. Cambiamos la maquetación inicial y las características de edición y así aparecieron las 25 fotografías que se muestran.

-Ahora presentas un libro de poesías, “EN LOS CAFES DE LA LUNA”, ¿Cómo construyes los poemas?
Para mí la poesía es un mundo aparte. Es la máxima expresión de la literatura porque en ellos se condensan sentimientos que en otros géneros necesitan de mucha más extensión y argumento.  Cada palabra es importante en sí misma y deben ser elegidas con extrema pulcritud para crear el ritmo que los hace bellos. Los poemas son lo más difícil de escribir. En mi caso surgen en forma de frases pasajeras y muy efímeras, o las cazas al instante o se van para siempre. Para escribir poesía hay que tener alma de poeta, hay que ver la vida como lo que es, un instante que fluye y se pierde para siempre y que solo perdura si cae entre las frases espontáneas de un verso.

-¿En qué te inspiras para componer las poesías?
Mi obra poética es el reflejo de mis experiencias personales. Surgen de la necesidad del momento, de un impulso inconsciente que concluye en un primer verso que se encamina hacia un desenlace a veces inesperado. Un detalle observado, un gesto, una situación, un sonido incipiente, el aroma que rescata un recuerdo, el cielo y las estrellas, la naturaleza y sobre todo el laberinto interior en el que me encuentro perpetuamente. Abro esas ventanas que me encierran y allí, en el exterior, en el mundo solitario del silencio, están los versos esperándome. Es todo lo que puedo decir, porque en realidad no tengo grandes respuestas para esta pregunta. Muchas veces no he sabido lo que estaba escribiendo hasta que he concluido el último verso. Mis poemas son mi verdad, lo que soy en realidad y están en conexión directa con mis sentimientos. Esa voz interior que a todos nos habla en mi lo hace en forma de verso.

-La poesía es un género que tiene un público fiel. ¿Te da miedo que te encasillen como poeta?
No. En el fondo soy un poeta que trasciende a otros géneros. En toda mi obra, tanto fotográfica como literaria, hay un cierto aire lírico que lo impregna todo. El sentido que lo engloba está en mi, en mi propia personalidad y en el motivo que me impulsa a escribir; el desasosiego de la existencia. Por eso el nexo de unión que fluye en todas mis creaciones es la propia persona, sus sentidos, su espíritu y todo aquello que crece y se transforma en el intenso «viaje» que supone el efímero tránsito de la existencia.

-A veces la poesía es difícil de comprender y por eso quizá se lea menos ¿Qué opinas sobre esta cuestión?
En primer lugar diré que la poesía no debe leerse como la prosa ya que intenta recrear un sentimiento o una idea que a veces se consigue a través del global del poema. Son obras de cabecera y no pueden leerse de un tirón. Los buenos poemas son capaces de cambiarte el estado de ánimo sin saber porque, te crean una sensación que te aparta de tu realidad por un momento y te llevan a otro lugar más profundo. Analizarlos demasiado escrupulosamente se aparta incluso de la idea que los ha concebido por que el autor no pensó tanto cuando los escribió. Es una escritura más visceral. La técnica que los pule y los prepara para la edición es el último eslabón y suele ser fiel al origen de su concepción. Por eso cuando se intenta comprender cada verso y cada palabra al pie de la letra todo se vuelve confuso y complejo. Es como beber un buen vino, primero acercas la copa y sientes su aroma, después das un trago y dejas que lleguen los sabores. Leer poesía tiene otro ritmo y hay que saber comprenderlo.

-¿Quién ha sido el escritor que más te ha influido?
Pienso que es algo difícil de discernir ya que la lectura de unos u otros autores va dejando un poso que se amalgama, junto a tu propia tendencia y aptitud, dando origen a un estilo o forma de escribir determinado. Es una cuestión que se asemeja al carácter de las personas viviendo en sociedad, hay algo en nosotros de todos los individuos que hemos conocido y nada en concreto a la vez. De todas formas y en poesía diría que Pablo Neruda, Mario Benedetti, Sa Carneiro, Bécquer y Charles Baudelaire. En otros géneros Saint Exupéry, Isaac Dinensen, Joan Enric Farreny i Sistac, Paulo Coelho, Fredic Brown y Khalil Gibran entre tantos otros.

-¿Los cafés son un buen sitio para que lleguen las musas de la inspiración?
Los cafés son lugares de tránsito llenos de historias personales. En ellos hay rincones solitarios y en penumbra donde, anónimamente, mezclado entre la indiferencia de sus gentes, apartado en esencia de lo real, he sufrido el latigazo del instinto de escribir. Quizá sea esta la soledad más profunda, la que acaece rodeado de otras personas, aunque también sea la más inspiradora, porque pone de manifiesto el terrible aislamiento del ser humano; la creación la entiendo pues, como una senda para conectar con el mundo, para pertenecer a él, de alguna forma. Han sido pues esos lugares los elegidos para capturar circunstancias, reales o imaginarias y transformarlas en poemas.

– En algunos poemas le escribes a la luna, ¿La noche te inspira más que el día?
La noche es más cercana a mi espíritu. El mundo se detiene en apariencia y un halo de paz lo cubre todo. La velocidad frenética de la vida cotidiana desaparece y hay espacio para reflexionar y pensar antes de que el alba nos devuelva a la realidad. Todo es más lento, más pausado, más íntimo. Además sigo influenciado por mis años de alpinista donde pase muchas noches al raso contemplando el universo y sus misterios.

– Como te sientes más cómodo, ¿escribiendo prosa o poesía?
Son formas muy distintas de expresión. La poesía me resulta difícil porque para escribirla me impongo tres condiciones; mensaje, ritmo y belleza. Y cuando  me enfrento a ella se que sufriré escribiéndola porque necesito bajar a los abismos más profundos de mis sentimientos donde muchas veces hay dolor y tristeza.  La prosa es más ligera y no requiere de un estado de ánimo especial. Me gustan las dos y no me planteo la comodidad para elegir una u otra sino la necesidad que en cada momento tengo de ellas.

– ¿Has participado en festivales de poesía?
En muy pocos. No me gusta la dinámica de los concursos de poesía. No creo en ellos. A mi entender están mal planteados la mayoría y las bases suelen ser poco motivadoras para el poeta. Los grandes concursos son una falacia y los pequeños un callejón sin salida para la obra.

-¿Cómo es el mundo de los festivales literarios?
En muchos casos poco creíble y con cláusulas absurdas. Hay certámenes en los que se presentan cientos de obras para un jurado que normalmente lo forman 5 personas. Suele haber una preselección realizada por lectores que no conforman el jurado final. Resulta imposible leer el conjunto de todas las obras y se convierte, poco más o menos, que en una lotería.  Por otro lado el libro solo puede presentarse a un solo concurso simultáneamente lo que supone casi seis meses de espera para el fallo y si no hay suerte vuelta a empezar. Eso implica tener una obra en la recamara durante mucho tiempo. Otros concursos son meros escaparates de promoción para autores ya elegidos de antemano. En resumen, es un marketing encubierto que no lleva a ninguna parte. Prefiero publicar directamente y que sean los lectores los que juzguen la obra.

Redacción TALLER DE LETRAS (año 2012)

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